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Una triffoliada…! Del Julio César Valentín que conocemos


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triffolio.claudioconcepcion

 

Por Juan Cruz Triffolio

Sociólogo – Comunicador

Triffolio@gmail.com

 

Tiene la sociedad dominicana en el licenciado Julio César Valentín a uno de esos pocos recursos valiosos con que cuenta el quehacer político partidario.

No es necesario de un dialogo extenso ni de un compartir constante y prolongado para descubrir su don de gente.

Sereno y calculador en el hablar, exhibiendo un respeto poco común entre quienes se disputan en las lides de la política criolla, el acucioso dirigente peledeísta, recuerda con sus pormenorizadas exposiciones que para brillar no es imprescindible procurar apagar los méritos de sus adversarios.

Su peculiar manera de aquilatar el compromiso y el ejercicio partidario pone en evidencia su vasta visión y compresión sobre el presente y el futuro inmediato de la dinámica política nacional que, generalmente, obliga a transitar con pasos firmes pero sin necesidad de apresurarse.

No obstante lucir convencido de la existencia valiosa de seres nobles y dignos de emulación en sus patrones conductuales, también refleja estar consciente de que en el submundo donde generalmente se desenvuelve pululan las mauras de las ingratitudes y el descaro, al igual que los despiadados capaces de producir las estocadas malditas en interés de entorpecer el ascenso ganado con talento, sacrificios, compromisos y acciones ejemplarizantes.

Pero, sinceramente, lo anterior no proyecta ser materia de preocupación para el exitoso ex presidente de la Cámara de Diputados, prominente miembro del Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana –PLD- y actual Senador del Primer Santiago de América, Santiago de los 30 Caballeros.

Julio César Valentín es uno de esos prototipos humanos y políticos en extinción en la Patria de Duarte.

Es de los dirigentes que saben hablar y convencer con el lenguaje de los hechos.

Ahí están sus obras y ellas hablan por él para llenar de orgullo a quienes tenemos el privilegio de compartir un espacio en su dilatada relación de amigos y simpatizantes partidarios.

Y que conste, hablamos de una refrescante, dinámica y emprendedora figura, energetizada por los encantos de la juventud que, contrario a lo que algunos pretenden publicitar, ocupa una real, relevante y apetecible posición en el tablero político nacional, mostrando, como motivo de orgullo y satisfacción para quienes comparten su lar nativo, una dimensión que trasciende lo meramente provincial y regional.

Ha logrado Julio Cesar Valentín entender a tiempo, fruto de su fecundo laborantismo político partidario, que en esa tortuosa faena, tal como ocurre en cualquier otra de la vida societaria, nunca es conveniente dejarse arropar por el manto maligno del desenfreno, la banalidad y el orgullo perverso.

Luce supeditar, constantemente, su existencia y accionar a los preceptos éticos y morales de su partido, como homenaje permanente al maestro de maestros, Juan Bosch, y apegado al mandato bíblico registrado en Eclesiastés y que con sobrada precisión establece: “Todo tiene su tiempo..”, acompañado por  la máxima de los triunfadores: “No desesperéis..”.

Por tal razón, entre otras, no cede tiempo a la pereza ni a la holgazanería y por el contrario, su dinamismo y aportes ante las necesidades más sentidas  de los sectores sociales que recurren a su oficina senatorial, los proyectan como un acreditado político a tiempo completo.

Refleja una envidiable capacidad para manejar con astucia las coyunturas, sin arribismo ni simulaciones saturadas de hipocresía, para mantener incólume su vigencia y alta credibilidad en el redondel donde hace su positiva vida pública y privada.

Es ese el Julio César Valentín que hemos conocido, con quien tenemos el honor de compartir en ocasiones, al que estimamos, admiramos y respetamos, por su digno y noble servicio a su patria chica y grande, sin violentar su compromiso con los más necesitados y orientado siempre en sus actuaciones por la línea programática y los principios éticos y morales de la organización política de la estrella amarilla.

He ahí su sello distintivo que lo proyecta como un ente político diferente y con un futuro, a todas luces, brillante..!!

Ahí se fragua su porvenir..!!

En esa cosmogonía, actitud y ejercicio se enmarca su grandeza humana y la incuestionable responsabilidad  política que lo conducirá al éxito merecido.

Vayan estos párrafos para exponer nuestras apreciaciones valorativas sobre un político santiagués al margen del cumplido que obliga la amistad y la complacencia incondicional, pues quiérase o no, surgen a consecuencia del convencimiento de que “honrar honra” y que “sólo el hombre íntegro es capaz de confesar sus faltas, reconocer sus errores y aquilatar la grandeza de los demás”.

Los otros, independientemente de cuanto digan o se autodefinan, terminan siendo los lisonjeros de siempre..!!

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