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El populismo de «la bonanza minera»: una amenza para Loma Miranda


felixdiaz.claudioconcepcionPor Ing. Félix Díaz Tejada

El aprovechamiento racional de los recursos naturales es una oportunidad para contribuir con un renglón que puede ser importante para la economía de una nación, dentro de cuyos componentes pueden estar los minerales, a los cuales se le vincula al desarrollo industrial y a los avances tecnológicos del mundo. Como también es importante destacar que el agua dulce ha resultado ser un liquido imprescindible para la vida y el desarrollo de la humanidad, y que cada vez más sus fuentes se nos están agotando.

Como toda actividad económica, la minería genera impactos ambientales que repercuten de forma inmediata y negativa sobre el entorno, por lo que resulta imprescindible que los proyectos mineros sean sometidos a Estudios de Impacto Ambiental (EIA), en procura de un mecanismo de ponderación, considerando que los mismos no sean una especie de licencia para matar o para contaminar, ni mucho menos una especie de patente de Corso, como ha ocurrido en el caso de prácticamente todas las operaciones mineras que se han realizado en la Republica Dominicana, con un lastre muy nefasto para el país y para las futuras generaciones.

Los intrincados que nos ha dejado la añeja cultura del poder, incluye el adocenamiento y el manejo entre líneas de un lenguaje inducido a través de la apabullante propaganda mediática, entre cuyos mecanismos se incluye la orquestación de una subcultura alienante en la población, condicionada a través de la orquestación de la falsía y la divulgación bien hilvanada hacia la aceptación de la explotación minera sin control y con todo el medalaganarismo que los avaros negocios y la genuflexión de políticos carentes de valor le puedan permitir.

“Las riquezas existen para ser explotadas”, “la minería constituye la botija que nos sacara de la crisis”, “la minería es consustancial al desarrollo de los pueblos”, “si no hay minería nuestro pueblo se moriría”, “los minerales existen para ser explotados”, “se puede explotar el yacimiento, siempre que no afecte el medio ambiente”, “esa concesión fue otorgada por Trujillo en el año 1956 y vence en el 2031”, “ellos no remedian el pasivo ambiental porque el contrato no se lo exige”, “la transnacional compro legalmente esas tierras y son de su propiedad”, “si le niegan la licencia de explotación, al país le vendrían serias consecuencias internacionales”, “en Loma Miranda no hay agua, ni ríos, es una área fea, sin endemismo y carente de valor biológico, allí operaban dos aserraderos”, “ahí hay gente inteligente que se está dejando utilizar por radicales desfasados y resentidos”, y bla, bla, bla, bla. Todas forman un corolario de frases huecas y banales, sorteadas como expresiones rimbombantes del orden impuesto, intentando imponerse por vía de la fuerza, a través de medios carentes de criterios éticos, incapaces de colocarse del lado de la razón.

Con el paso de los años esas campañas han tenido que procurar como muletillas a elementos contratados para que le sirvan de bocinas y le amplifiquen de forma sutil sus caprichosos negocios, a costa de afectar espacios portadores de condiciones excepcionales en cuanto a la riqueza de la biodiversidad, flujo hidrológico, generación de aportes ecosistémicos tales como la captura de CO2 y otros gases de efecto invernadero, mitigación del cambio climático y el calentamiento global, belleza escénica, banco genético de especies y soberanía ambiental.

Las diversas actividades económicas y sociales que se llevan a cabo en las sociedades de hoy día tienen lugares específicos, en donde las mismas pueden ser implementadas con restricciones de diversos grados. Y este es el caso de Loma Miranda, área esta que posee un conjunto de cualidades que la hacen única en la Isla Española.

Las jornadas por la preservación de Loma Miranda no han estado exentas de estos mismos métodos de retaliación que subsidia la propaganda del negocio minero a través de una vocería variopinta.  Solo que en este caso, la población dominicana ha mantenido la firmeza y el arrojo del desafío, armada de argumentos y asideros irrebatibles, a los cuales el fanatismo pagado por el sensacionalismo del gran capital no pudo vencer. Es por ello que con mucha razón MIRANDA NO SE NEGOCIA.

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