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Venezuela ante el quiebre del poder: Escenarios de una crisis que redefine la región


Por Ana Bertha Pérez, M.A.
Periodista, República Dominicana.

Los acontecimientos que en las últimas horas se han difundido en torno a Venezuela, incluyendo informaciones sobre la anunciada captura del presidente Nicolás Maduro en el marco de una operación militar extranjera, han colocado nuevamente al país sudamericano en el epicentro del debate hemisférico. Más allá de la confirmación plena o no de estos hechos, lo cierto es que el solo planteamiento de un escenario de ruptura abrupta del poder en Venezuela obliga a un análisis serio, responsable y de largo alcance.

Venezuela no es un Estado aislado. Su crisis política, económica y social ha tenido efectos directos sobre toda América Latina y el Caribe, incluyendo a la República Dominicana, tanto en términos migratorios como diplomáticos y energéticos. Por ello, lo que ocurra o pueda ocurrir en Caracas no puede observarse con ligereza ni desde la emocionalidad, sino desde la comprensión profunda de sus implicaciones regionales.

El colapso del liderazgo y el riesgo del vacío de poder, desde el punto de vista
de lo que hemos visto hasta ahora sobre una operación internacional dirigida a neutralizar el liderazgo del régimen venezolano, estamos ante un escenario inédito en la historia política reciente de América Latina.

La salida forzada de un jefe de Estado al margen de los juicios morales o políticos sobre su gestión, genera de inmediato una pregunta central: ¿quién controla el poder real? En Venezuela, el poder no ha descansado únicamente en la figura presidencial, sino en una compleja estructura donde confluyen la cúpula militar, los organismos de seguridad, grupos civiles armados y alianzas internacionales estratégicas. La desaparición súbita del liderazgo central no garantiza una transición automática, sino que puede abrir paso a fracturas internas, disputas de mando y escenarios de alta volatilidad.

Los escenarios posibles para Venezuela
Desde una perspectiva analítica, pueden identificarse tres principales, cada uno con riesgos y oportunidades distintas:

  1. Transición política ordenada (el escenario deseable, pero no el más fácil).
    Este escenario implicaría la conformación de un gobierno de transición, con reconocimiento interno y externo, apoyo multilateral y un calendario claro hacia elecciones libres y verificables. Para que esto ocurra, sería indispensable:
    Un quiebre significativo dentro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Mediación internacional creíble:
Garantías mínimas de seguridad y estabilidad institucional.

Este camino permitiría iniciar la reconstrucción democrática y económica del país, aunque requeriría acuerdos complejos y concesiones difíciles.

  1. Fragmentación del poder y conflicto interno:
    Un segundo escenario, altamente preocupante, sería la fragmentación del aparato militar y de seguridad, dando paso a focos de resistencia armada, control territorial irregular y violencia urbana. En este contexto:
    El Estado perdería capacidad de control efectivo.

La crisis humanitaria se profundizaría:
Se reactivaría una migración masiva hacia países vecinos. Este es el escenario que más temor genera en la región, por su potencial desestabilizador y su impacto directo en América Latina y el Caribe.

  1. Tutelaje o presión internacional prolongada:
    Un tercer escenario sería una gestión política bajo fuerte presión internacional, con organismos multilaterales y potencias influyendo de manera directa en la reorganización institucional venezolana. Aunque podría ofrecer estabilidad temporal, este modelo enfrenta serios cuestionamientos legales y de soberanía, y corre el riesgo de carecer de legitimidad interna si no se construye con actores venezolanos reales.

Implicaciones regionales: una mirada desde el Caribe.

Desde la República Dominicana, observar este proceso implica entender que ninguna crisis de esta magnitud es ajena. El Caribe, Centroamérica y Suramérica comparten hoy un destino interconectado. La estabilidad regional depende de soluciones políticas sostenibles, no de salidas abruptas que, aunque puedan parecer definitivas, suelen generar consecuencias imprevistas.

El caso venezolano vuelve a recordarnos que la democracia no se impone únicamente por la fuerza, sino que se construye con instituciones, consensos y legitimidad social.

Cualquier salida que ignore estos elementos corre el riesgo de profundizar el sufrimiento de un pueblo que ya ha pagado un precio demasiado alto.

Venezuela se encuentra, una vez más, ante una encrucijada histórica. Más allá de los titulares y las versiones que aún deben ser plenamente confirmadas, lo verdaderamente importante es qué tipo de país emergerá después de esta crisis.

La región y el mundo tiene la responsabilidad de acompañar, no de imponer; de facilitar soluciones, no de exacerbar conflictos.

Como periodista caribeña y latinoamericana, creo firmemente que la paz, la institucionalidad y la dignidad humana deben ser el centro de cualquier análisis y de cualquier acción futura.

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