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Eduardo Cordero: El Monumento de mi infancia


 

Crónica de Eduardo Cordero

Tomado “in extenso” de la página Santiago para todos

 

Nací y viví hasta los 16 años en el barrio de Las 3 Cruces frente al monumento.

Eduardo Cordero

Ese símbolo santiaguero, prácticamente formaba parte de nuestra familia ya que al despertar, luego de ver la cara a mis padres, hermanos y tíos, nuestra vista tenía que encontrarse con el imponente Monumento a los Héroes de la Restauración.

Era nuestra segunda casa, allí jugábamos pelota, volábamos chichiguas, montábamos carritos hechos de madera y cajas de bolas en el mármol de la plazoleta. Sus escalinatas nos servían de tobogán, era tanto lo que bajábamos y subíamos que los pantalones se diluían en las nalgas, pero esos pantalones no se descartaban ya que en esos tiempos se utilizaba mucho el “zurcido” que prolongaba la vida útil de nuestras prendas de vestir.

En el área verde crecían de manera silvestre unos vegetales llamados Cocombritos o pepinillos los cuales recolectábamos para hacer ensaladas y guisarlos con carne de cerdo.

Alrededor del monumento no había luz eléctrica en las calles, solo los bombillos de las casas del vecindario ayudaban a iluminar la prolongación de la calle Beller desde las tres cruces hasta el pie del monumento, razón por la cual desde mi casa esa área se veía en penumbras (para ese tiempo no existía la prolongación de la calle Manuel Batlle).

A diferencia de ahora no había ningún negocio a sus alrededores, solo el ventorrillo de Rosa Mélida la esposa de Chago Sánchez, y bajando la R. Cesar Tolentino, el colmado de Lamia Sued la madre del locutor José Guillermo Sued.

Desde Las 3 Cruces hacia arriba, las casas estaban habitadas por la familia de Luis Pérez en la esquina con la César Tolentino, donde fabricaban un queso blanco exquisito y vendían helados de suero que sabían a boruga; luego vivía Juan Galeno un pintoresco personaje muy amante de la bebida y que se dedicaba a fabricar cerote para pegar las espuelas de los gallos. Juan Galeno también fabricaba su propio tinte para el cabello.

Luego seguía la casa de Chago Sánchez y Rosa Melida con sus hijos Bolívar, Santiaguito, Ramonita y El Guajiro, este ultimo un personaje muy querido en el barrio, a quien le gustaba tanto la pelota que cuando jugábamos beisbol con bolas de goma frente a su casa narraba todas las jugadas imitando al locutor Félix Acosta Núñez. Mas hacia arriba vivía Moraima y Papito Felipe, luego la familia de Tona.

Siguiendo hacia arriba estaban las casas de Fela y la de Alfredo Peña quien se dedicaba a la venta de mentas y esencias de vainilla y sabores artificiales, y por último la familia del cantante Juan Polanco.
La seguridad del monumento estaba a cargo de un señor llamado Homero García, su imponente figura de más de 6 pies y algo jorobado dando vueltas por el área de las escalinatas de mármol podía observarse desde cualquier ángulo de sus alrededores. Homero tenía un ayudante llamado Miguel Ángel, un señor de muy baja estatura que tenia la mano izquierda amputada, sentía cierto complejo de su condición por lo que siempre mantenía el brazo dentro del bolsillo del pantalón o cubierto con un abrigo.

No sé las circunstancias en las que Miguel Ángel perdió la mano, pero sí recuerdo que una vez nos hizo una historia de un pleito que tuvo con un hombre fruto del cual quedaron enemigos para siempre. Narraba Miguel Ángel que cuando ese señor murió le hacía asomos y que no lo dejaba tranquilo, el podía estar tranquilo y que de repente oía una voz como de ultratumba que le llamaba “Miguel Ángel”.

Al oir esto mi hermano Luis Alberto y varios de los compañeros idearon un plan, esperaron tarde en la noche que Miguel Ángel estuviera solo en el monumento y se fueron por detrás de unas matas de trinitaria diciendo “Miguel Angel, Miguel Angel”. El pobre Miguel Ángel huyó despavorido hacia el interior de la edificación.

Todavía recuerdo la mañana del 19 de diciembre de 1965 cuando estando yo desayunando con una maizena en el escalón de mi casa escuché el sonido de disparos de ametralladoras por los alrededores del monumento. Luego observé las imágenes de guardias disparando desde la esquina del monumento hacia el Hotel Matum, había empezado la batalla entre el coronel Francisco Alberto Caamaño Deño y sus acompañantes y las fuerzas militares anti-constitucionalistas.

Una de las cosas que recuerdo con nostalgia eran las retretas de la banda municipal en la explanada del monumento dirigidas por los maestros Manuel García y Julio Cesar Curiel. A mi fallecido amigo de infancia Guillermo Cruz le encantaban las retretas. Por eso el día que iban a tocar pasaba por nuestra casa a invitarnos diciendo -“Vamos para el monumento que hoy hay “Pitirititi”. El se refería al sonido de las trompetas en el merengue La Agarradera

Ya a comienzos de la década del 70 la emisora Radio Azul colocó unas bocinas en la segunda planta de la edificación donde transmitían la programación de su frecuencia modulada para el deleite de los que subían a recrearse, recuerdo que para ese tiempo se escuchaban mucho los temas de Carlos Santana Black magic woman y Samba pa’ti, y Penelope de Paul Mauriat.

Recordar es vivir. La foto la tomé prestada de la página Santiagueros de los 70.

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